Cómo todos los días Max ha ido contento y feliz a clase, pero al llegar al umbral de la puerta de su nueva aula, no lo ha visto muy claro. Esa no era su aula habitual. Al ver que mi mano se desprendía de la suya y se iba alejando se ha puesto a llorar y a gritar desesperado, como si la vida le fuera en ello( para él supongo que así deber ser) cómo si nada le consolase más que mi abrazo. Entonces a mí se me ha encogido el corazón.
No hay nada más horrible en este mundo que ver cómo tu hijo te reclama, te necesita y te suplica con la mirada salpicada de desesperación que no lo dejes ahí, y tu debes hacerlo; sabes que debes hacerlo. Entonces tienes lidiar entre mantenerte firme y entera y no mirar atrás,( algo verdaderamente complicado y difícil) o correr hacia él y apretujarlo entre tus brazos, susurrándole al oído que mamá lo quiere y que nunca lo dejará ni lo abandonará.
Hoy he tenido que ser fuerte y mantenerme firme, a pesar de saber que él lo ha interpretado como un abandono. Pasaré el día pensando en ello y en cómo esta pena que le infligido hoy desaparecerá cuando lo vaya a recoger, cuando su cara se ilumine al verme.
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